Manuela, que una estela de suaves ladridos e incesantes ronroneos corteje tu camino…


Dejando Huella Noticias  Manuela, que una estela de suaves ladridos e incesantes ronroneos corteje tu camino…Manuela, una mujer menuda de estatura pero inmensa de corazón, casa de acogida de Dejando Huella Albacete, nos ha dejado hoy.

Manuela ha sido un poco ese albergue que no tenemos, esa puerta constantemente abierta, de día, de noche, en verano, en invierno, para aquéllos desahuciados de amor que le llevábamos, maltrechos física y psíquicamente, desorientados, hambrientos, deshidratados, titiritando de frío y miedo, víctimas de la crueldad, la indiferencia y la desidia de la sociedad y de las instituciones.

Manuela ha sido el umbral de una vida digna para un buen número de huérfanos de cariño, de caricias que han tenido la suerte de no tener que permanecer en jaulas tras ser rescatados sino que han vivido como miembros de su familia, libres por su casa y socializándose en un entorno de seguridad emocional.

Manuela ha sido un punto y aparte en sus vidas, un pasar definitivamente una página negra, acompañados por un túnel a veces angosto pero con un destello luminoso al final que de su mano han alcanzado.

Manuela ha sido esa mamá que muchos perdieron demasiado pronto o que no conocieron, donde se acurrucaron, con la que jugaron, que les abrazó tantas veces.

Manuela ha sido ese biberón calentito de madrugada donde a pesar del cansancio, desafiaba los minutos lentamente, sin prisa, para que ese lactante completara a su ritmo esa toma que le haría aumentar unos gramos más… sumando vida, Manuela siempre, tejiendo vida.

Manuela ha abierto las puertas de su casa a muchos animales que han sido rescatados del más absoluto desamparo y a los que ha dado la medicina más efectiva, su entrega total.

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Ilustración de Paco Catalán en homenaje a Manuela

Manuela ha sabido también ser fuerte para, llegado el momento, despedirse de esos peques que luego marchaban a hogares definitivos tras haberles devueltos la salud, la fuerza y la confianza de que había otra vida digna para ellos porque hay que ser fuerte para destejer, de alguna manera, esos vínculos que se tejen con animales que vienen a ti como peluches rotos.

Manuela no era una mujer joven pero irradiaba la vitalidad de quien guarda mucho en su interior y le falta tiempo para compartirlo por eso ni cuando fue consciente de que la que se “marchaba” definitivamente era ella, no escatimó lo mejor de sí misma para sus peques.

Manuela nos deja un tanto huérfanos a toda la familia de dos y cuatro patas de Dejando Huella Albacete y desde aquí queremos agradecer en nombre de los que no tienen voz, todo el bien que les ha legado y en el nuestro propio, toda la empatía, implicación, compromiso, generosidad y entrega que hacen de ella merecedora de todo nuestro reconocimiento, admiración y ternura.

Manuela, te vas pero te quedas porque nadie que deja tanto amor, se marcha definitivamente.

Manuela, que una estela de suaves ladridos e incesantes ronroneos corteje tu camino…

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