Las casas de acogida, ese umbral hacia una vida digna


Ésta es la despedida de Venus, una gatita que rescatamos con unos dos meses, deshidratada, desnutrida y con un ojito perdido por la infección, de su mami de acogida, Sandra porque se marcha adoptada.

Una mami de acogida que la ha cuidado durante todo este tiempo y que refleja en la imagen, los sentimientos encontrados al llegar ese momento que, en definitiva es el esperado porque significa que se va como miembro definitivo de un hogar, de una familia.

Y decimos sentimientos encontrados porque se entremezcla, por una parte la felicidad de haber servido de puente entre el abandono y la consecución de esa familia definitiva para ella y por otra ese pellizco en el corazón al decir adiós, al despedir a un ser que te llegó desamparado, en muy malas condiciones físicas y psíquicas, como nos llega la mayoría y en el que has volcado lo mejor de ti porque esa es la grandeza de las casas de acogida.

DHA no tiene albergue propio y los animales que rescatamos lo son si alguien les abre temporalmente la puerta de su hogar.

Su labor callada es esencial en su recuperación porque entran en una casa como un miembro más de una familia y eso conlleva cariño, caricias, un canasto o un hueco en el sofá, abrazos, cuidados, paseos, juegos… algo sencillo pero que la mayoría no ha conocido o conocieron mientras eran “juguetes” y “hacían gracia”.

Las casas de acogida son el umbral de una vida digna, en definitiva, de una vida. Su dedicación es totalmente altruista. La asociación paga el mantenimiento del animal pero la atención, las visitas al vete, la paciencia con las trastadas lógicas de los cachorros o con el miedo que algunos traen a sus espaldas por vivencias duras y que poco a poco consiguen hacerlo desaparecer, los lactantes que necesitan sus biberones de día y noche, peques en recuperación de operaciones que requieren de una vigilancia más estrecha… desvelos en definitiva que aportan sin ninguna remuneración a cambio, simplemente por empatía, generosidad y amor hacia los animales.

Es una labor en cierta manera exigente porque, aparte de dispensar todos esos cuidados físicos, también conlleva el proceso de conducir al animal rescatado del horror, de un miedo que lo hace vulnerable, hacia la dicha de sentirse alguien para alguien y de recuperar su confianza para ser feliz con una familia en un futuro.

Sí, es una labor que requiere tiempo y paciencia pero a la vez es una labor agradecida porque tantas y tantas veces ven la evolución del animal, ven los resultados positivos de su esfuerzo que eso les gratifica, les compensa enormemente.

Y luego está el momento de la despedida en el aunque son conscientes de que los animales están allí de paso, inevitablemente se generan vínculos, han sufrido con su sufrimiento, han disfrutado de su entrega incondicional y sí… evidentemente cuesta darles el abrazo de despedida.

Sin embargo saben que hay más vidas que salvar porque entrará una nueva en el lugar que ha dejado la anterior y su corazón es tan grande que siempre encuentran un hueco para una y otra y otra más.

Las familias de acogida no salen en las fotos pero, no lo dudéis, en el brillo de la mirada del animal, están ellas reflejadas.

En la persona de Sandra queremos agradecer y visibilizar la entrega de estas personas, papis y mamis de acogida temporales, gracias a los cuales, al abrirles la puerta de su hogar y de su corazón, le cierran a animales rescatados la puerta a experiencias muy duras de seres que sólo viven para querernos y les posibilitan un futuro digno

Si deseas sumarte a esta forma de ayudarnos para ayudarles, de enriquecerte con esa experiencia como las casas de acogida cuentan a menudo, de salvar vidas, escríbenos a [email protected] y abre tus puertas a la esperanza a animales que seguramente, el primer abrazo que conocerán será el tuyo.

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