Felices los cuatro… reflexiones de un adoptante


Mi experiencia con gatos no es muy extensa que digamos. Siendo sincero, no hace mucho más de un año que me decidí a adoptar a mi primer amigo de cuatro patas. La verdad es que la decisión no fue fácil, se te vienen a la cabeza cientos de dudas (quizá exagero un poco y no son tantas, pero las hay): esa fama que se asocia a los gatos (que si son traicioneros e interesados), qué hacer si enferma, saber si lo estás haciendo bien con ellos y son felices… en definitiva, sabes que una vida depende de ti y tienes que cuidar de ella.

Estas dudas se acentúan aún más si vas a adoptar a un gatito con algún tipo de discapacidad o lesión. En mi caso, la que iba a ser mi primera gata solo tenía unos meses y le faltaban una de las patitas delanteras y un ojito. Recuerdo la primera vez que vi su foto; me impresionó mucho ya que nunca había visto algo así, pero al mismo tiempo algo en mí me decía que tenía que quedarme con ella (cualquiera de los gatos que vi en la asociación merecía la oportunidad de empezar una nueva vida, pero sabía que en su estado iba a ser más difícil que saliera de la protectora). Así que no lo dudé y me puse en contacto para informarme sobre ella y por los procedimientos a seguir.

A los pocos días ya tenía a mi nueva ‘compañera de piso’. No puedes evitar mirarla y sentir pena pensando en las cosas que ha tenido que pasar hasta que esa persona la recogió e inició su nueva vida. Sin embargo, ellos no ven las cosas como nosotros, no andan lamentándose porque pueden o no pueden andar, porque ven más o menos,… simplemente viven su vida adaptándose al entorno y comportándose como un gato completamente normal. Ahí es cuando te das cuenta de que a pesar de las adversidades, tienes que seguir adelante y adaptarte a esta nueva vida que te ha tocado vivir.

Posteriormente amplié la familia con otro gatito con el que he comprobado que las limitaciones te las pones tu, y que si quieres, puedes. Todo está en tu mente.

Pasado un tiempo, descubrí a través de esta asociación un caso que me dejó especialmente tocado, era Kim. A diferencia de mi gata, Kim había sufrido la crueldad y lo peor del ser humano. No podía hacerme a la idea de que alguien pudiera hacerle daño de esa forma a un pequeño animal indefenso de no más de un mes. Imaginad cómo ha tenido que pasarlo esta gatita arrastrándose literalmente yendo sin rumbo y sin saber lo que le esperaba, pero ahí estaba ella intentando salir adelante. Fue una suerte que alguien la viera, y en un gesto de sentido común , recogerla y llevarla a que se hicieran cargo de ella. Kim no era consciente de que no podía haber caído en mejores manos. Su nueva vida empezaba en ese momento.
Cuando vi la evolución de su estado día tras día y su lucha incansable por seguir adelante volví a sentir lo mismo; tenía que darle una oportunidad para que pudiera llevar una vida feliz, la vida que intentaron arrebatarle de una forma tan cruel.

Y ahora somos cuatro. Sabemos que solo necesitamos tiempo para adaptarnos, pero eso es lo de menos. De lo que estoy seguro es de que la vida nos va a cambiar a todos, y sobre todo a ellos; ya no van a volver a pasar por aquellas situaciones. Nos tenemos los cuatro y eso no va a cambiar.

Ver Historia de Kim en DHA

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