Eme, lloramos por ti. Lloramos por todos los Emes


Dame tu mano al borde de esta nada
y nademos en contra de las olas
como buscan los náufragos la playa
(extracto del poema "Nos ha vivido el tiempo y de repente..." de Francisca Aguirre)
Dejando Huella Noticias Gatos que nos dejaron...  Eme, lloramos por ti. Lloramos por todos los Emes

Eme, el gatito bebé que recogimos metido en una bolsa de plástico, dentro de un contenedor de basuras junto con sus hermanos Nike y Malena ha fallecido esta noche. Ayer sufrió un empeoramiento que nos hizo ir de urgencias a la clínica veterinaria donde, a pesar de  todo esfuerzo, fue imposible hacer nada más y horas después el peque se fue en manos de esa mami de acogida que día tras día ha estado velando y sufriendo, también hay que decirlo, por esa mejoría que todos esperábamos y que al final ha resultado imposible.

Hay que recordar que Eme nos llegó, debido al impacto al arrojarlo en el contenedor, con sangre en la boca y con lo que parecían ser secuelas neurológicas que aún, dada su corta edad era imposible una valoración precisa.

Cada vez que se nos va un animal, sentimos una mezcla de dolor e indignación.

Dolor porque son seres con unas expectativas de vida truncadas gratuitamente, porque son seres que han venido para querernos o simplemente para ser felices, a lo que tienen todo el derecho, como todo ser sintiente, como nosotros los humanos.

Indignación porque no son casos aislados, es una realidad con la que día sí, día también nos tropezamos. Indignación porque subyace una violencia “normalizada”, sin reproche social. Indignación porque no hay una implicación institucional para educar en respeto, porque en realidad es de violencia de lo que hablamos, un indicador social preocupante ante el que la clase política debería arbitrar medidas preventivas, educativas e implementar campañas de esterilización.

Tenemos una deuda con los animales con los que compartimos la tierra, merecen sin ningún tipo de duda una protección jurídica por ser simple y llanamente seres sintientes, por eso exigimos una vez más a las Instituciones un mayor compromiso contra el maltrato animal y un verdadero y efectivo empeño en erradicar esas prácticas brutales que permanecen en la tradición más bárbara y cruel del ser humano.

No caben excusas, no se trata de enfermos ni psicópatas, que los hay, se trata de ignorantes que no pueden encontrar refrendo alguno, no ya explícitamente sino por la vía del silencio y la dejadez.

Eme ha tenido, al menos la fortuna, de antes de morir entre la basura, conocer el cariño y el cuidado, el respeto y la empatía. Nuestro dolor es por Eme pero también por todos esos Emes que no tienen la fortuna de ser rescatados y mueren cada día ahogados, asfixiados en bolsas de plástico, en la negrura de contenedores, arrebatados a mamás desesperadas que al poco tiempo volverán a estar preñadas y el ciclo volverá a iniciarse.

No lloramos sólo por Eme, lloramos por todos los Emes, rostro vergonzante de una sociedad deshumanizada y una clase política que no se implica en poner remedio para ello.

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