
Nuestro Caleb, ese pequeñín que con apenas cinco días de vida fue capaz de llamar la atención de una voluntaria que lo encontró entre los restos de la basura junto a sus hermanitos, ya tiene hogar definitivo.
El hogar que conoció con a penas unos días de vida. La casa que cuidó de él y sus hermanos desde entonces, donde ha ido creciendo hasta hacerse adulto y tan guapo como es. Esa casa, esa familia ha decidido que Caleb es uno más de la manada, y que no sería lo mismo si él no estuviera.
Así que nos han hecho felices con su decisión, porque es imposible imaginar un hogar donde Caleb fuera más feliz.