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Adiós Lena

Lena-despedida

Lena acaba de dejarnos. Todavía tengo en mis oídos su ronroneo, en mi olfato su olor particular y en las yemas de mis dedos la suavidad de su pelo. Todavía tengo en mi retina la dulzura de su mirada…

Lena ha vivido sólo 3 meses. Cuando la conocí la leucemia campaba ya a sus anchas por su cuerpecito e iba arrebatándole sus energías inexorablemente.

La acogida de Lena planteaba un plus de dificultad ya que al ser la leucemia una enfermedad contagiosa entre gatos, no podía estar en ninguna casa donde hubiese ya alguno y su delicado estado de salud era un obstáculo más, así que sentí la necesidad de ofrecerle un espacio donde pudiera tener la mejor calidad de vida, el tiempo que las fuerzas le aguantaran no sin antes reflexionarlo puesto que mi experiencia había sido siempre exclusivamente con perros.

Recuerdo su primera noche en casa cuando, a pesar de sus escasas fuerzas y tras pegarle unos bufidos a la perra, buscó un escondite donde refugiarse hasta que el tintineo del pienso en su cuenco, la hizo olvidar sus reticencias y asomarse a comer… a comer como si no hubiera un mañana.

Al día siguiente fue un poco más de lo mismo, saciado su apetito, volvió a su escondite y huérfanos quedaron los distintos canastos que tenía preparados y a los que no prestó la más mínima atención.

Esa noche ya cumplió a pie juntillas con una de esas características que había escuchado de que el gato decide y tu obedeces… de madrugada, salió de su escondite y se aventuró a acercarse a mi dormitorio con su débil maullido y su deambular frágil, la llamábamos la “rosa” de “El principito” porque sus uñitas, recordaban a las espinas de la rosa como única defensa de ese cuerpo tan desvalido; me hizo levantar y llenarle el cuenco de pienso y a cambio, al día siguiente, nos regaló con una visita al salón.. fue su recorrido más largo. A partir de ahí, cada día, a una velocidad vertiginosa, sus paseos se fueron acortando a la par que sus energías hasta el fatal desenlace.

Un conocido me preguntó hoy si merecía la pena esa inversión emocional para un trayecto tan corto. Le mostré dos fotos, una de Lena cuando fue rescatada, otra de Lena, la tarde anterior a morir… “mírale los ojos y verás la diferencia entre la primera y la segunda… esa diferencia, a pesar de los estragos de la enfermedad, la marca el cuidado y el amor inmenso con la que se la arropado y es la evolución de esa mirada la que te reafirma en que ha merecido la pena”.

Ha sido un recorrido breve pero ha sido cualitativamente intenso y gratificante.

Una amiga me dijo “ahora mentalízate para que destroce unas cortinas que tu madre habrá cosido para ti”. No, Lena no destrozó cortina alguna porque se pasó todo el tiempo postrada o en brazos. El único destrozo lo ha causado en el corazón pero eso pasará y nos quedará la satisfacción de haber contribuido a haberle dado a conocer un trato digno, el calor de una familia, las caricias y muchísimo amor.

Adiós Lena, amor, amor breve pero intenso. Corre feliz donde quiera que estés libre ya del fardo de la enfermedad. Gracias por haberte paseado por nuestras vidas, las vidas de quienes hemos sido tu familia en este trayecto.

María José y Yahui

Ésta fue la historia de Lena en DHA

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