Vilma ha encontrado a su familia, a sus referentes, con los que se vuelve loca cada vez que los ve. Ellos, que primero le abrieron las puertas de su casa -para que se recuperase primeramente de la desnutrición y deshidratación con la que llegó a nuestras manos y luego de la intervención que necesitó para extirparle un bulto que detectamos y que, por suerte, resultó benigno- y que ahora, no han dudado ni un segundo en abrirle definitivamente las puertas de su corazón y hacer que su hogar ya sea formalmente el de ambos, adoptándola.
La vida le ha dado una segunda oportunidad a Vilma y ahora tiene el amor que siempre le ha faltado.
Éste es el resultado que esperamos cada vez que trabajamos por transformar la triste realidad de los peludos abandonados y que nos llena de alegría y esperanza. Ella es feliz ahora y nuestra asociación también con ella.