
Bost ese chiquitin, hermano de Dark y de Pat, que llego en un estado de salud alarmante, ha conquistado a su familia de acogida, como hacen los grandes amantes, poquito a poco.
Primero haciéndose el huidizo porque no podía creer que de repente unos humanos lo mirasen con buenos ojos, lo cogiesen y acogiesen, curándole sus heridas, dándole ricas comiditas y muchos mimos.
Después se fue viendo un guapetón y pasó a la fase de cortejo, “me acerco a ti y ahora tu te acercas” y acabó guiñándoles el ojo cómplice de ese vínculo que se había establecido entre ellos.
Eso resultó ser definitivo, ahí su familia de acogida no pudo resistirlo y se rindió a la evidencia. Se habían enamorado de ese pequeñín que se había hecho un hueco en su hogar y en sus vidas.
Desde Dejando Huella Albacete sólo nos queda que celebrar esa unión, porque sabemos que ese amor, el que les va a dar Bost y el que su familia ha demostrado, es un amor infinito.
Hermosa historia, sin duda. Este tipo de acciones demuestran una cosa: el amor hacia los animales va más allá de las palabras.
Desde luego, estos son amores que van mucho más allá de las palabras para transformarse en algo mucho más bello.